A lo largo de mi trayectoria profesional me he encontrado con todo tipo de retos y personas. He trabajado con personas estrato 0 y 1 y también con familias de estrato 6. De las penurias a las comodidades, en mi rol de trabajadora social siempre tuve la oportunidad de descubrir las necesidades y temores de los seres humanos.

En todos los grupos sociales las hay, solo que cambian de dimensión según el entorno que se trabaje. Necesidades de ser reconocidos, de ser escuchados, de hacer sinergias y sentirse parte de algo, necesidad de comida, de vestido o necesidad de ser escuchado, de ser perdonado o perdonar. En ninguno de los escenarios en los que trabajé, encontré una sola persona con todo suplido. Todos querían o necesitaban algo.

 

Creo que es la naturaleza dinámica de la vida para hacernos “mover” hacia lo que queremos, unos con más esfuerzo que otros, unos más despacio y algunos con más dolor. Ese punto en común es el encargado de encender el fuego en las personas: el quererse cambiar de un sitio a otro: en lo económico, en lo emocional, en lo social, en lo espiritual, esa búsqueda constante por la plenitud, el bienestar, la paz o como quiera llamarse o entenderse ese estado de seguridad personal.

Replicando las dinámicas de la vida, emulando lo biológico, nosotros también cambiamos, transmutamos, evolucionamos, no podría ser de otra forma: somos vida. Vida en una expresión más compleja, con estructuras mentales que nos han salvado y que nos han metido en problemas, pero, a fin de cuentas: vida. Un corazón latiendo y todo un sistema bien diseñado que garantiza el equilibrio.

 

El destino me instaló a desarrollar mi profesión en el ámbito educativo: aquí descubrí que una de las dimensiones más significativas para las personas es la de su formación. Moverse de la dependencia a la independencia, de casa de sus padres a una casa propia, estrato 2 al 3 o 3 al 4, de un país a otro, de un cargo a otro, mover a su familia de barrio o de nivel, del bus al carro, de la deuda a la inversión, del desempleo a la estabilidad laboral o del empleo estable a su propia empresa. Los vi hacerlo muchas veces, los vi moverse mucho más de lo que habían planeado y los acompañé a sorprenderse de sus propios logros. La educación determinó esos cambios, ellos pusieron su esfuerzo y disciplina y lo lograron.

 

Ahora, ejerciendo en rol de jefe de bienestar de Uniempresarial, los sigo viendo triunfar, pero más rápido, gracias a los programas de 3 años y medio de duración y más dinámico gracias a la inmersión en entornos productivos desde los primeros semestres. Este ha sido y es mi orgullo, espero que muchos más lo hagan, quiero seguirlos acompañando, aquí y ahora, con más ventajas que antes.

*Directora de Bienestar Institucional de Uniempresarial.

Por: Sandra Johana Higuera Sarmiento, Directora de Bienestar
Institucional de Uniempresarial

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